Creencias limitantes retrasan los propósitos de Dios y llevan a procesos dolorosos

Muchas veces pensamos que los mayores enemigos de nuestra fe son externos: circunstancias, oposiciones, ataques espirituales. Sin embargo, la Biblia revela que las creencias limitantes dentro de nosotros — pensamientos centrados en nosotros mismos, miedo, incredulidad, autosuficiencia, orgullo — son capaces de impedir que vivamos plenamente las promesas de Dios. Este estudio nos muestra personas que, individualmente, perdieron bendiciones, retrasaron milagros o limitaron su propio destino a causa de pensamientos y actitudes que no se alinearon con la Palabra.

El matrimonio es un pacto creado por Dios para que dos se conviertan en una sola carne (Gn 2:24). Cuando esta unión está cimentada en la fe, genera vida, protección y promesa. Pero, cuando uno de los cónyuges elige la incredulidad, el pecado o el desprecio por las cosas espirituales, toda la familia se ve afectada. En este estudio veremos ejemplos marcantes de la Biblia donde las decisiones de esposos y esposas limitaron o destruyeron bendiciones. Cada texto trae una advertencia: la fe o incredulidad de uno solo puede abrir o cerrar puertas para toda la casa.

Creencias limitantes del individuo y sus graves consecuencias

Moisés – El miedo a hablar
Cuando Dios llamó a Moisés para liberar al pueblo de Israel de Egipto, él reveló inmediatamente su mayor limitación: el miedo a hablar en público. En Éxodo 4:10 está escrito:

“Entonces dijo Moisés al SEÑOR: ¡Ah, Señor! Nunca he sido elocuente, ni en otro tiempo ni desde que hablas a tu siervo, porque soy pesado de boca y pesado de lengua.”
(Éxodo 4:10, RV)

En hebreo:
וַיֹּאמֶר מֹשֶׁה אֶל־יְהוָה בִּי אֲדֹנָי לֹא אִישׁ דְּבָרִים אָנֹכִי גַּם מִתְּמוֹל גַּם מִשִּׁלְשֹׁם גַּם מֵאָז דַּבֶּרְךָ אֶל־עַבְדֶּךָ כִּי כְבַד־פֶּה וּכְבַד־לָשׁוֹן אָנֹכִי׃

Palabras clave:

  • כְבַד־פֶּה (khevád-peh) – “pesado de boca”, indicando dificultad de expresión verbal.
  • כְבַד־לָשׁוֹן (khevád-lashón) – “pesado de lengua”, sugiriendo un bloqueo o limitación en el habla.

Moisés creía que su limitación lo descalificaba para la misión. Pero Dios respondió en Éxodo 4:11-12:

“¿Quién hizo la boca del hombre? ¿O quién hace al mudo, o al sordo, o al que ve, o al ciego? ¿No soy yo, el SEÑOR? Ahora, ve, y yo estaré con tu boca y te enseñaré lo que debes decir.”
(Éxodo 4:11-12, RV)

En hebreo:
וַיֹּאמֶר יְהוָה אֵלָיו מִי שָׂם פֶּה לָאָדָם אוֹ מִי־יָשׂוּם אִלֵּם אוֹ חֵרֵשׁ אוֹ פִקֵּחַ אוֹ עִוֵּר הֲלֹא אָנֹכִי יְהוָה׃
וְעַתָּה לֵךְ וְאָנֹכִי אֶהְיֶה עִם־פִּיךָ וְהוֹרֵיתִיךָ אֲשֶׁר תְּדַבֵּר׃

La lección es clara: nuestras creencias limitantes no anulan el llamado de Dios. El propio Creador asegura que Él es quien capacita, fortalece y pone las palabras correctas en nuestra boca. Lo que parecía ser la mayor debilidad de Moisés se convirtió en el escenario para la manifestación del poder de Dios.


Gedeón – Autoimagen de debilidad
La historia de Gedeón es uno de los retratos más claros en la Biblia sobre cómo una autoimagen limitada puede aprisionar a alguien, incluso cuando Dios lo llama a algo grandioso. Cuando el ángel del Señor lo encuentra, Gedeón está trillando trigo escondido por miedo a los madianitas (Jueces 6:11). La primera palabra de Dios para él es reveladora:

“Y se le apareció el ángel del SEÑOR y le dijo: ¡El SEÑOR está contigo, valiente guerrero!”
(Jueces 6:12, RV)

En hebreo, la expresión גִּבּוֹר הַחַיִלgibbor haḥayil significa “hombre poderoso en fuerza/valor”. Es un título de guerrero, alguien destinado a grandes obras. Sin embargo, Gedeón responde inmediatamente con la lente de su autoimagen distorsionada:

“¡Ah, Señor mío! ¿Con qué libraré a Israel? He aquí que mi familia es la más pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre.”
(Jueces 6:15, RV)

La palabra hebrea הַצָּעִיר – hatsá‘ir usada aquí para “el menor” no significa solo “joven” o “pequeño”, sino también puede implicar “insignificante” o “sin importancia”. Gedeón se veía a sí mismo como alguien incapaz, sin voz y sin relevancia.

Este contraste es poderoso: Dios lo llama “valiente”, pero él se llama “pequeño”. La creencia limitante de Gedeón no era la falta de recursos externos, sino la falta de percepción interna sobre quién era en Dios.

Aun así, el Señor responde con firmeza:

“Porque yo estaré contigo, y herirás a los madianitas como si fueran un solo hombre.”
(Jueces 6:16, RV)

Lo que liberó a Gedeón de su autoimagen frágil no fue un discurso motivacional, sino la presencia de Dios y la certeza de que no lucharía solo.

Lección práctica: muchas veces nuestras creencias limitantes surgen de cómo nos comparamos con otros o con nuestras circunstancias. Pero Dios ve más allá de nuestras inseguridades. Nos llama no por lo que somos en nosotros mismos, sino por lo que podemos ser en Él.
Desafío: Identifica áreas de tu vida donde te sientes “pequeño” (hatsá‘ir) y reemplaza esa visión con la identidad que Dios ya ha declarado sobre ti: amado, escogido y llamado para propósitos mayores.


Naamán – Orgullo que impediría la curación
Naamán era un comandante poderoso del ejército de Siria, respetado y victorioso en muchas batallas. Sin embargo, sufría de lepra, una enfermedad terrible y sin cura en su tiempo. Cuando el profeta Eliseo le dio la instrucción simple de sumergirse siete veces en el río Jordán para ser curado, Naamán reaccionó con indignación y orgullo:

“Pero Naamán se enojó mucho y se fue, diciendo: He aquí que yo decía para mí: Ciertamente saldrá, se pondrá de pie, invocará el nombre del SEÑOR su Dios, pasará su mano sobre el lugar y sanará al leproso. ¿No son acaso Abana y Farfar, ríos de Damasco, mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría yo lavarme en ellos y quedar limpio? Y volvió en ira.”
(2 Reyes 5:11-12, RV)

Hebreo (Melajim Bet 5:11-12):
וַיִּקְצֹף נַעֲמָן וַיֵּלֶךְ וַיֹּאמֶר הִנֵּה אָמַרְתִּי אֵלַי יֵצֵא יָצֵא וְעָמַד וְקָרָא בְּשֵׁם יְהוָה אֱלֹהָיו וְהֵנִיף יָדוֹ אֶל־הַמָּקוֹם וְאָסַף הַמְּצֹרָע׃
הֲלֹא טוֹב אֲמָנָה וּפַרְפַּר נַהֲרוֹת דַּמֶּשֶׂק מִכֹּל מֵימֵי יִשְׂרָאֵל הֲלוֹא אֶרְחַץ בָּהֶם וְטָהָרְתִּי וַיִּפֶן וַיֵּלֶךְ בְּחֵמָה׃

Palabras clave:

  • וַיִּקְצֹף (vayiqtzof) – “se indignó, se enfureció”.
  • טָהֵר (taher) – “quedarse limpio, purificado”. Su curación dependía de romper el orgullo.

Su orgullo casi le impidió recibir la bendición que Dios había preparado. Esperaba un ritual grandioso, acorde con su posición, pero Dios requería humildad y obediencia. Solo cuando Naamán dejó de lado su creencia limitante —la idea de que su posición social le daba derecho a un método especial— la curación se produjo.

Este relato nos enseña que muchas veces nuestras propias barreras interiores, como el orgullo, la autosuficiencia o la resistencia a instrucciones simples, nos impiden recibir milagros. La verdadera transformación ocurre cuando confiamos en Dios con un corazón humilde, aceptando Sus caminos aunque parezcan simples o diferentes a nuestras expectativas.

Tomás – La incredulidad después de la resurrección
Tomás, también llamado Dídimo, es recordado en la Biblia como aquel que dudó de la resurrección de Jesús hasta verlo personalmente. Cuando los discípulos le anunciaron: “¡Vimos al Señor!”, él respondió:

“Le dijeron, pues, los otros discípulos: Hemos visto al Señor. Pero él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y no metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y no metiere mi mano en su costado, de ninguna manera creeré. (…) Después le dijo a Tomás: Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”
(Juan 20:25,27, RV)

Griego (Juan 20:25,27):
Ἐὰν μὴ ἴδω ἐν ταῖς χερσὶν αὐτοῦ τὸν τύπον τῶν ἥλων… οὐ μὴ πιστεύσω.
μὴ γίνου ἄπιστος ἀλλὰ πιστός.

Palabras clave (griego):

  • οὐ μὴ πιστεύσω (ou mē pisteusō) – “de ninguna manera creeré”.
  • ἄπιστος (apistos) – “incrédulo, sin fe”.
  • πιστός (pistos) – “creyente, fiel, confiable”.

Este episodio revela una creencia limitante ligada a la incredulidad: Tomás solo creía en lo que podía tocar y ver con sus propios ojos. Su mente estaba condicionada por la lógica humana y el trauma de la crucifixión, lo que le impidió confiar inicialmente en el testimonio de sus hermanos y en la promesa de Jesús.

Sin embargo, cuando Jesús apareció nuevamente, invitándole a tocar Sus heridas, Tomás fue confrontado con la verdad que superaba sus límites de fe. Su respuesta fue inmediata y transformadora:

“¡Señor mío y Dios mío!” (Juan 20:28, RV)

Este relato nos enseña que la incredulidad puede alejarnos de vivir experiencias profundas con Dios. No obstante, la gracia de Cristo no rechaza el corazón que lucha por creer; al contrario, Él se presenta, rompe barreras internas y transforma dudas en confesión de fe.

Aplicación práctica: muchas veces limitamos nuestra caminata espiritual a lo que podemos comprender racionalmente. La invitación de Jesús es: “Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (Juan 20:29). La verdadera fe no depende solo de lo que vemos, sino de la confianza en el carácter y la palabra del Señor.


Lecciones prácticas para el individuo con creencias limitantes

  • El miedo puede limitar nuestra voz (Moisés).
  • La autoimagen negativa nos paraliza (Gedeón).
  • El orgullo nos impide obedecer (Naamán).
  • La incredulidad niega la experiencia con Cristo (Tomás).

Desafíos para superar creencias limitantes individuales:

  • Identifica: ¿cuáles son las creencias limitantes que cargas? (miedo, inferioridad, orgullo, incredulidad).
  • Declara diariamente promesas bíblicas que confronten estas creencias.
  • Ora pidiendo: “Señor, transforma mis limitaciones en oportunidades para que Tu poder se manifieste.”

Creencias limitantes en los cónyuges y sus graves consecuencias

Eva y Adán – La caída en el Edén
La narrativa de la caída en el Edén (Génesis 3) revela la primera y más profunda creencia limitante de la humanidad: la desconfianza en la Palabra de Dios. Cuando la serpiente cuestionó a Eva: “¿Así dijo Dios…?” (Gn 3:1), sembró duda sobre la bondad y fidelidad del Creador. Eva y Adán llegaron a creer que Dios les estaba reteniendo algo bueno, como si la verdadera plenitud estuviera fuera de la voluntad divina. Esta mentalidad limitante los llevó a la desobediencia y, consecuentemente, a la separación de Dios.

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar sabiduría; tomó de su fruto, y comió, y dio también a su marido, y él comió con ella. Entonces se les abrieron los ojos a ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.”
(Génesis 3:6-7, RV)

Hebreo (Bereshit 3:6-7):
וַתֵּרֶא הָאִשָּׁה כִּי־טוֹב הָעֵץ לְמַאֲכָל וְכִי־תַאֲוָה הוּא לָעֵינַיִם וְנֶחְמָד הָעֵץ לְהַשְׂכִּיל וַתִּקַּח מִפִּרְיוֹ וַתֹּאכַל וַתִּתֵּן גַּם־לְאִישָׁהּ עִמָּהּ וַיֹּאכַל׃
וַתִּפָּקַחְנָה עֵינֵי שְׁנֵיהֶם וַיֵּדְעוּ כִּי עֵירֻמִּם הֵם וַיִּתְפְּרוּ עֲלֵה תְאֵנָה וַיַּעֲשׂוּ לָהֶם חֲגֹרֹת׃

Palabras clave:

  • טוֹב (tov) – “bueno”, aquí usado de manera engañosa.
  • נֶחְמָד (neḥmad) – “deseable, codiciado”.
  • עֵירֻמִּם (ʿêrummim) – “desnudos, desprotegidos”, indicando pérdida de gloria.

El error de la primera pareja fue creer que podían definir por sí mismos lo que era bien y mal, en lugar de confiar en el Creador. El deseo de “ser como Dios” (Gn 3:5) reflejó orgullo, incredulidad y una búsqueda equivocada de identidad. Esta creencia distorsionada abrió la puerta al pecado y sus consecuencias sobre toda la humanidad (Rm 5:12).

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el SEÑOR, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” (Jeremías 29:11, RV)


Sara y Abraham – La prisa en la promesa

“Entonces Sarai dijo a Abram: He aquí que el SEÑOR me ha impedido tener hijos; ve ahora a mi sierva, tal vez tendré hijos de ella. Y oyó Abram la voz de Sarai.”
(Génesis 16:2, RV)

Hebreo (Bereshit 16:2):
וַתֹּאמֶר שָׂרַי אֶל־אַבְרָם הִנֵּה־נָא עֲצָרַנִי יְהוָה מִלֶּדֶת בֹּא־נָא אֶל־שִׁפְחָתִי אוּלַי אִבָּנֶה מִמֶּנָּה וַיִּשְׁמַע אַבְרָם לְקוֹל שָׂרָי׃

Palabras clave:

  • עֲצָרַנִי (ʿatsarani) – “me impidió, me cerró”, revelando incredulidad.
  • וַיִּשְׁמַע (vayishmaʿ) – “oyó, atendió”, mostrando que Abraham escuchó la voz equivocada.

Aplicación práctica: muchas veces caemos en la misma trampa al pensar que la voluntad de Dios nos limita, en lugar de liberarnos. El enemigo susurra dudas sobre la bondad del Señor, intentando hacernos creer que fuera de Su Palabra hay realización mayor. No sirve buscar atajos hacia la “bendición” esperada; puede convertirse en una gran trampa con graves consecuencias a largo plazo. Como Adán y Eva descubrieron, la “libertad” fuera de Dios solo conduce a pérdida y vergüenza.

Por lo tanto, la verdadera victoria viene cuando confiamos plenamente en que la obediencia a la Palabra es la fuente de vida abundante. A veces el Eterno no nos concede lo que soñamos y deseamos, simplemente porque aún no estamos preparados para vivirlo. Otras veces, es porque seguimos creyendo que podemos alcanzarlo con nuestra propia fuerza, en lugar de confiar en el proceso y los propósitos de Dios. Somos llamados a entregarnos a este proceso, no como queremos, sino como Él ha planeado para nosotros. Esto puede implicar tiempo, dolor y negar nuestros propios deseos.

La esposa de Lot – Apego al pasado

La esposa de Lot es recordada por un único gesto: mirar hacia atrás cuando Dios había ordenado que siguiera adelante sin apegarse a Sodoma (Génesis 19:17,26). La ciudad simbolizaba el pasado corrupto, la vida antigua, pero su corazón aún estaba preso de lo que dejaba atrás. Este apego le costó la vida, convirtiéndose en una estatua de sal.

“Y la mujer de Lot miró atrás, y se convirtió en una columna de sal.”
(Génesis 19:26, RV)

Hebreo (Bereshit 19:26):
וַתַּבֵּט אִשְׁתּוֹ מֵאַחֲרָיו וַתְּהִי נְצִיב מֶלַח׃

Palabras clave:

  • וַתַּבֵּט (vattabet) – “miró atentamente, fijó los ojos”. No fue solo un vistazo casual, sino un mirar de deseo y apego.
  • נְצִיב מֶלַח (netsīv melaḥ) – “columna de sal”, símbolo de juicio y recuerdo perpetuo.

Lección espiritual: quien desea seguir la dirección de Dios necesita aprender a soltar el pasado. Mirar atrás con nostalgia o arrepentimiento constante solo genera estancamiento. Dios nos llama a confiar en lo que Él está haciendo hoy y en lo que aún hará, porque la vida abundante no está detrás, sino delante, en Cristo.


Jezabel y Acab – Idolatría y maldad

Las creencias limitantes de Acab

La Biblia declara que Acab se vendió para hacer lo que era malo ante los ojos del Señor, y lo hizo porque Jezabel, su esposa, lo incitaba (1 Reyes 21:25). En esta frase se revela la tragedia de sus creencias limitantes. Acab creía que ceder era más fácil que confrontar. Cuando deseaba algo y no podía obtenerlo, como en el caso de la viña de Nabot, se entregaba a la tristeza y autocompasión, convencido de que era un hombre sin fuerza y sin valor. Su identidad estaba condicionada a la opinión de otros, especialmente de Jezabel, y no a la mirada del Dios de Israel. Esta dependencia lo llevó a preferir la aprobación de su esposa sobre la obediencia al Señor, permitiendo que la manipulación reemplazara la fidelidad.

Acab también vivía atrapado en la idea de que la realización se encontraba en el poder, los bienes y las conquistas externas. Cuando estas cosas le eran negadas, se sentía derrotado y vacío, como si su vida careciera de sentido. Así, renunció a la autoridad espiritual que se le había dado para vivir como esclavo de las presiones externas. Su mayor debilidad no estaba en Jezabel, sino en sí mismo: en el vacío interior que le impedía decir no al mal y sí a Dios.

“Pero nadie había como Acab, que se vendió para hacer lo que era malo ante los ojos del Señor, porque Jezabel, su mujer, lo incitaba.”
(1 Reyes 21:25, RV)

Hebreo (Melajim Alef 21:25):
רַק לֹא־הָיָה כְּאַחְאָב אֲשֶׁר הִתְמַכֵּר לַעֲשׂוֹת הָרַע בְּעֵינֵי יְהוָה אֲשֶׁר הֵסִתָּה אֹתוֹ אִיזֶבֶל אִשְׁתּוֹ׃

Palabras clave:

  • הִתְמַכֵּר (hitmakker) – “venderse, entregarse totalmente”, como esclavo del pecado.
  • הֵסִתָּה (hesitah) – “incitar, seducir, inducir”. Jezabel fue la fuerza activa de desviación.

Lección práctica: la caída de Acab nos enseña que la omisión también es pecado. Quien no ejerce autoridad sobre sus elecciones será gobernado por deseos ajenos. Cuando permitimos que voces externas determinen nuestros pasos, perdemos libertad y caemos en la misma trampa de Acab: vivir como esclavos del pecado incluso desde un trono. El camino de restauración es volver los ojos al Señor, recordando que solo Él define nuestra identidad y valor. Como dice Santiago:

“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7, RV)


Las creencias limitantes de Jezabel

Jezabel vivió atrapada en la creencia de que el poder humano podía ocupar el lugar de la soberanía divina. Hija de Etbaal, rey de Sidón, trajo consigo la convicción de que la idolatría sostendría su autoridad. Su limitación radicaba en creer que la manipulación y la violencia eran instrumentos legítimos para garantizar estabilidad y dominio. Incapaz de confiar en el orden y justicia de Dios, construyó su vida sobre el miedo y el control, convencida de que solo su brazo y astucia podían asegurar el futuro.

Su fe no estaba dirigida al Señor, sino al mito de que quien gobierna con fuerza gobierna mejor. Por ello incitó a Acab, manipuló líderes, levantó falsos profetas y persiguió a los siervos de Dios. Creía que la verdad podía ser sofocada por la intimidación y que la conciencia podía ser silenciada por la fuerza. La limitación de Jezabel fue no ver que el poder terrenal es temporal y que ninguna estrategia humana puede silenciar la voz del Altísimo. Su vida se convirtió en símbolo de la ilusión de quien cree poder controlar destinos sin someterse al Señor de la historia.

Lección práctica: la historia de Jezabel muestra que toda tentativa de construir identidad y poder fuera de Dios se transforma en esclavitud disfrazada de libertad. Quien incita a hacer el mal y manipula para imponerse termina prisionero de su propio engaño. Aprendemos que las verdaderas victorias no nacen del control, sino de la confianza en el Eterno. Como está escrito:

“Si el Señor no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican.” (Salmos 127:1, RV)

Mical y David – Desprecio hacia la adoración

Mical llevaba en su corazón la creencia limitante de que la dignidad real de David debía estar por encima de su entrega total. Hija de Saúl, heredera de una mentalidad donde la apariencia y el honor externo tenían más valor que la obediencia a Dios, observó la adoración de David y la midió con los estándares de la vanidad humana. Lo que para David era entrega total ante el Señor, para ella se convirtió en motivo de desprecio. En lugar de discernir la presencia de Dios, Mical se aferró a la idea de que la adoración debía someterse a las convenciones sociales y normas tradicionales.

Su limitación fue creer que la fe podía vivirse de manera contenida, discreta y respetable ante los hombres, olvidando que delante del Altísimo todo corazón está llamado a romper con las apariencias y desnudar la sinceridad. El desprecio en su corazón la alejó del propósito, y la consecuencia fue la esterilidad, símbolo de una vida sin fruto espiritual. Al rechazar la adoración, también rechazó la fertilidad de la promesa.

“Y sucedió que, entrando el arca del Señor en la ciudad de David, Mical, hija de Saúl, miraba por la ventana; y viendo al rey David saltando y danzando delante del Señor, lo menospreció en su corazón. (…) Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos hasta el día de su muerte.”
(2 Samuel 6:16,23, RV)

Hebreo (Shemuel Bet 6:16,23):
וְהָיָה אֲרוֹן־יְהוָה בָּא עִיר־דָּוִד וּמִיכַל בַּת־שָׁאוּל נִשְׁקְפָה בְּעַד הַחַלּוֹן וַתֵּרֶא אֶת־הַמֶּלֶךְ דָּוִד מְפַזֵּז וּמְכַרְכֵּר לִפְנֵי יְהוָה וַתִּבֶז לוֹ בְּלִבָּהּ׃
וּלְמִיכַל בַּת־שָׁאוּל לֹא הָיָה לָהּ יָלֶד עַד יוֹם מוֹתָהּ׃

Palabras clave:

  • וַתִּבֶז (vativez) – “menospreció, humilló”.
  • יָלֶד (yeled) – “hijo, descendencia” → esterilidad como juicio.

Lección práctica: la historia de Mical nos desafía a examinar si hemos permitido que el orgullo, la opinión de otros o el peso de las tradiciones impidan nuestra entrega ante Dios. La adoración no es un espectáculo social, sino fruto de un corazón quebrantado. Quien teme parecer insensato ante los hombres corre el riesgo de perder la herencia delante del Señor. Es mejor ser menospreciado ante el mundo y fructífero ante Dios que preservar una imagen estéril. Como enseñó Yeshua:

“Dios es espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.” (Juan 4:23, RV)


Ananías y Safira – Mamon y la mentira

Este es uno de los casos más graves descritos en la Palabra de Dios: el amor al dinero llevó a este matrimonio a intentar vivir en dos mundos distintos, el de Mamon y el de Dios. La advertencia de Yeshua es clara:

“No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido consumen, y donde los ladrones minan y roban;
Mas acumulad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido consumen, y donde los ladrones no minan ni roban.
Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
(Mateo 6:19-21, RV)

Yeshua advierte que lo que tenemos de material en este mundo, sin importar nuestra condición, es suficiente; nuestro enfoque debe estar en acumular tesoros en los cielos, no en la tierra. En un tiempo en que el evangelio se mezcla con las riquezas mundanas, surge otro evangelio. Lamentablemente vivimos en una época en que “tener” se convierte en objetivo del “creer”. Creer sin tener se percibe como insuficiente. No es pecado desear una vida mejor, pero sí es pecado abandonar la primacía del Reino de Dios por los bienes materiales.

“Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad,
y sustrajo parte del precio, conociéndolo también su mujer; y llevando parte la puso a los pies de los apóstoles. (…)
Pedro le dijo: ¿Por qué os habéis puesto de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Mira, los pies de los que han sepultado a tu marido están a la puerta, y también te llevarán a ti. Y ella cayó a sus pies y expiró. Los jóvenes entraron y la hallaron muerta, y la sepultaron junto a su marido.”
(Hechos 5:1-2,9-10, RV)

Griego (Hechos 5:2,9):
καὶ ἐνοσφίσατο ἀπὸ τῆς τιμῆς συνειδυίης καὶ τῆς γυναικὸς…
εἶπεν δὲ πρὸς αὐτὴν Πέτρος· Τί ὅτι συνεφωνήθη ὑμῖν πειράσαι τὸ πνεῦμα Κυρίου;

Palabras clave:

  • ἐνοσφίσατο (enosphisato) – “apropiarse de forma deshonesta, retener”.
  • συνεφωνήθη (synephōnēthē) – “concordar, estar en contubernio”. Muestra que marido y esposa se alinearon en la mentira.

Conclusión y lecciones prácticas

Todos estos ejemplos demuestran: la actitud espiritual de un solo cónyuge puede determinar bendición o juicio para toda la familia.

Lecciones:

  1. Escuchar la voz de Dios por encima de la del cónyuge – Adán escuchó a Eva y trajo caída.
  2. No apresurar la promesa – Sara y Abraham sufrieron por la prisa.
  3. No mirar atrás – la esposa de Lot perdió la vida por nostalgia de Sodoma.
  4. No incitar al mal – Jezabel llevó a Acab y a la casa real al juicio.
  5. No menospreciar la adoración – Mical cerró su propio vientre.
  6. No unirse en la mentira – Ananías y Safira murieron por conspirar contra Dios.

Desafíos para hoy:

  • Ora a Dios: “Señor, que mi fe fortalezca y no debilite a mi cónyuge.”
  • Examínate: ¿soy influencia de fe o de incredulidad dentro de mi hogar?
  • Decide ser canal de bendición: no limitando, sino edificando al otro en todo lo que Dios desea realizar.

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